EL TECHO

 

 

 

 

Después de tener los troncos listos, tuvimos que afrontar nuestro verdadero fantasma: ¿Cómo demonios íbamos a subir los 13 troncos de 250 kilos y 7.5 metros de altura, sobre la cadena de cemento que quedó -  después de algunas negociaciones - en casi 3 metros de altura?

En primer lugar, los horcones de Palma Real, deberían sostenerse por sí mismos en el centro de la construcción. En las características del famoso Techo Recíproco, un travesaño apoya su punta sobre el anterior, siguiendo el círculo, cuando se llega al último, este se cruza por debajo del primero, sosteniéndolo, y por el milagro del peso y la gravedad se estabiliza de forma precisa creando unas circunstancias donde lógicamente, es imposible que caiga. En todo caso, siempre tuvimos algunas imágenes desastrológicas en nuestra mente, sobre posibles fatales errores, que pudieran desembocar en la nefasta caída de uno de esos maderos sobre alguno de nosotros. Era para hacerlo más dramático, haciendo uso de nuestra creatividad teatral. Tuvimos el alivio de que en la maqueta los palillos funcionaron, antes de que se los llevara el viento.

Así pues, empezamos por ubicarlos cada uno, lo más cerca posible al punto donde luego deberían ser puestos sobre la construcción. Rodeamos primero la zona de tierra que servía de apoyo, después con nuestras técnicas verdaderamente rústicas, los levantamos de una punta hasta recostarlos en la cadena de cemento. Lanzando la cuerda por encima de la cadena, con un trozo de valde cortado, logramos improvisar una modesta polea y cumplir el primer gran paso.

Recordando las técnicas egipcias, nos dimos cuenta que con cuerdas, troncos más pequeños para hacerlos rodar y mucha fuerza, sería posible llegar a buen puerto sin que nuestra espalda sintiera el tirón de una hernia. Además, existía la posibilidad de que los extraterrestres nos dieran una mano, según las hipótesis de nuestra vecina en nuestras caminatas nocturnas sobre la playa: allí sobre el horizonte, esas lucecitas que se encendían a lo lejos, eran por cierto, los extraterrestres. Sin embargo, nunca llegaron a darnos un empujón.

Después de un par de días de trabajo mancomunado conseguimos dejarlos listos para subir y ubicados según lo dictaba el know-how del techo recíproco. El punto más alto del techo sería 4, 50 metros, es decir, había que elevarlo 30 centímetros más arriba para que cuando bajara, quedara en la altura correcta. Previendo eso, Romain y Stephan construyeron un andamio de casi 5 metros de altura que para moverlo 10 centímetros requería de mínimo 4 personas.  Además, construimos una base solo para el primer tronco, de la misma altura que el andamio, colocando en la punta un gato hidráulico de botella encerrado en alambre, tablas y clavos que nos daba el margen necesario para poner el último tronco debajo del primero y después, en una maniobra arriesgada, bajar el gato, y desmontar la base. Así lo hicimos y… ¡Funcionó!

Además de nosotros vino Francesco el italiano, con sus panecillos de chocolate, Nicolás, el voluntario francés y Jonás, el alemán que, con su 4 x 4 y su polea eléctrica cayó como del cielo para enganchar, taladrar, halar, amarrar, ampliar el número de cuerdas y darnos la mano que los extraterrestres nunca nos ofrecieron. Con todas estas manos se creó la suficiente energía que concluyó con una comida de gorditas de coco, piña y queso, que preparó nuestro voluntario mexica, Jhonathan.

Este fue el último paso de esta estadía en Mazunte, lo que quedaba recoger nuestras cosas, empacar, limpiar, antes de que llegara la lluvia. Para proteger el techo, cubrimos cada tronco con plástico negro y cinta pegante. En nuestra próxima estadía esperamos continuar con nuestro proyecto de crear un techo verde sobre estos troncos de Palma Real. Pero ese será un nuevo capítulo. Gracias a todos los que nos ayudaron.

THE ROOF

 

 

 

 

After preparing the logs and get them ready, we had to face our true ghost: How the hell can we  put 13, 250-kilogram and 7.5-meter-high logs, on the cement chain that was - after some negotiations - almost 3 meters high?

First of all, the palm logs should stand on their own at the centre of the building. According to the famous Reciprocal Roof characteristics, a log would rests on the previous one, following the circle, and when the last one is reached, it would be put under the first one, supporting it. With a gravity miracle the circle would stabilizes itself,  creating some precise forces that would help in stay in place so that it would be impossible to fall down. All this was very charming but we had some disastrous images in our minds, about possible fatal errors, figuring how one of those log could fall on our heads. It was the result of our dramatic and theatrical imagination. We didn't have reasons for this, because we made a model with chopsticks and it worked really well before that the wind blew them away.

Thus, we start by locating each log, as close as possible to the point where they should be placed on the cement chain. First, we surrounded the area of land that served as wall support, and with our truly rustic techniques, we lifted them from the peak and lay them on the chain. Launching the rope over it, with a piece of cut fence, we improvised a modest pulley and complete the first big step.

Remembering the Egyptian techniques, we realized all that with ropes, smaller logs to make them roll over and a lot of human strength. We wanted to achieve the unachievable without feeling our back destroyed by a hernia. Plus, there was the possibility that the aliens would give us a hand; according to our neighbor hypotheses during our night walks on the beach: there, on the horizon, those little lights that lit up in the distance, were, by the way, aliens. Just for the records, they never gave us  not even a single push.

A few days after the logs were located according to the know-how of the reciprocal roof in a good position. The highest ceiling point had to be 4,50 meters, it means we had to place it 30 centimetres higher, so that when it will be put down, it would remain at the correct height. Anticipating this, Romain and Stephan built a five meters high scaffold, that required 10 people in order to move it 10 centimetres. Besides, we built a base for the first log, the same height as the scaffolding. At the top, we placed a hydraulic bottle jack enclosed in wire, boards and nails that gave us the necessary margin to put the last log under the first one. Then, in a risky manoeuvre, we had to lower the jack, and remove the base. That's how we did it and ... It worked!

Besides the Itinera Team, there was Francesco, from Italy with his chocolate muffins, Nicolas, the French volunteer and Jonas, the German guy, who, with his 4x4 pick up with an electric pulley, fell from the sky to hook, drill, pull, tie, extend the ropes and gave us the help that aliens never offered us. With all these hands, we had all the energy that we needed and the day ended with a meal of coconuts, pineapple and cheese "gorditas", prepared by our Mexican volunteer Jonathan.

This was the last step of our work in Mazunte for this year. Later on we collected our things, packing, cleaning, before the rain season come. To protect the roof, we cover each log with black plastic and tape. In our next season, we hope to continue with our project in creating a green roof over these palm logs. But that will be a new chapter. Thanks to everyone who helped us.

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