HASTA LA ULTIMA LLANTA

Las llantas son nuestro tema preferido, es alrededor de ellas que nuestra vida gira aquí en Mazunte. La cara linda de construir con neumáticos es que nos hace sentir bien; modestia aparte, nos da un sentimiento inigualable de altruismo: podemos hacer gala de un mensaje ecológico. Una rueda dura extinguiéndose cientos de años; la otra opción es quemarlas para hacer cemento, pero eso amplía los gases que deterioran la capa de ozono. Es por eso que haber rellenado casi 500 llantas nos llena de cierto orgullo. Pero no queremos alardear, así que les contaremos más sobre la experiencia de bio – construir con neumáticos, sobre todo para motivarlos.

Se necesitan tres cosas básicas: llantas, cartón y tierra. En ocasiones se pueden rellenar también con basura, sin embargo, el uso de tierra es ineludible. Como herramientas usamos pala y marro: imaginen un martillo gigante. Recolectar las llantas es algo de lo más emocionante: nos fuimos en el 4 x 4 y en el bus de Stephan hacia el basurero. Tienen que ver cómo conduce este hombre, ¡¡Es nuestro conductor elegido!! Recorrimos 3 basureros, el de Huatulco, el de Puerto Escondido y el de Pochutla. Lugares también inolvidables, manadas de zopilotes revoloteando en la basura revuelta y perros con la piel pegada en las costillas. Lo que más odiábamos era olvidar los guantes. También recogimos llantas en las vulcanizadoras que aparecen de vez en cuando en las carreteras: cuando los dueños están de buen humor las dan gratis, pero a veces quieren mejorar su economía y las venden a 10 o 15 pesos. Ya olvidamos cuantas expediciones se hicieron en busca del codiciado material.

El cartón se recogía en las tiendas de Mazunte de forma casi permanente. Por ejemplo si salíamos de la Mezcalería a las 3 de la mañana un sábado y en el camino encontrábamos cartón: había que llevarlo. La tierra tuvimos que comprarla. Poníamos cartón al fondo de la llanta y comenzábamos a rellenar con palas y palas y palas de tierra. Cuando ya no le cabía más, tomábamos el martillo gigante y golpeabamos la tierra para abrir más espacio y poner más tierra y más palas. Así hasta que no le cupiera un grano más, hasta que pareciera que la llanta fuera a reventar. Muchas veces la tierra no estaba cerca de donde teníamos que colocar las llantas, así que traer tierra en cubetas y carretilla nos servía para amenizar más la mañana. Además es imposible de olvidar que todas estas actividades se hicieron a 33 grados centígrados.

De esta manera, una por una, se fueron llenando las tantas llantas de nuestra primera construcción aquí en Mazunte. Cada llanta fue puesta, revisando cada centímetro en relación a las otras, cada una fue nivelada. El sudor después de tanto, nos dejó ver el resultado. Muchos pusimos las manos aquí, fundadores, colaboradores, amigos, vecinos, voluntarios. A ellos y ellas, les damos ahora y para siempre un infinito gracias.

TILL THE LAST TIRE

Tires are our favorite subject. It is around them that our life developed here in Mazunte. The good thing of building with tires is that it makes us feel good; modesty aside, it gives us an unrivaled feeling of altruism: we can give an ecological message. A tire lasts for hundreds of years; the other option you have is to burn them to make cement, but that would expand the gases that damage the ozone layer. This is why having filled almost 500 tires gives us with a certain pride. But we don't want to brag, so we'll tell you more about the bio-building experience with tires, especially to motivate you to do the same.

Three basic things are needed: tires, cardboard, and dirt. Sometimes you can also fill them with garbage, however, the use of dirt is unavoidable. As tools we use shovel and clay: imagine a giant hammer. Collecting the tires is some of the most exciting thing - we drove with the 4x4 and Stephan's bus to the dumpster. You have to see how this man drives: he's our favourite driver !! We visited 3 garbage dumps, the one in Huatulco, the one in Puerto Escondido and the one in Pochutla. Also unforgettable places, herds of buzzards hovering in the messy garbage and dogs with their skin stuck to their ribs. You can imagine that what we hated the most was forgetting our gloves. We also collected tires from the vulcanizers that appear occasionally on the road: when the owners are in a good mood they give them for free, but sometimes they want to improve their economy and they sell them for 10 or 15 pesos. We already forgot how many expeditions were made in search of this coveted material.

The cardboards were collected in Mazunte stores almost permanently. For example, if we left the Mezcalería at 3 in the morning on a Saturday and found cardboard on the way: we had to take it. The dirt we had to buy it. We put cardboard at the bottom of the tire and began to fill it with dirt. When it didn't fit anymore, we would take the giant hammer and hit the dirt to put more and more dirt until it seemed that the tire was going to blow up. Many times the dirt was not close to where we had to put the tires, so bringing dirt in buckets and wheelbarrow helped us to wake up in the morning. It is also impossible to forget that all these activities were done at 33 degrees Celsius: it was incredibly hot.

In this way, one by one, the many tires of our first construction were filled here in Mazunte. Each tire was precisely checked every, each one was leveled. The sweat after so much, let us see the result. Many people put their hands in this project: founders, collaborators, friends, neighbors, volunteers. To them, we give now and forever an infinite thanks.

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