First steps...

This week we brought the things that were in our car in Laura and Frank's house. The Shaman, that's the name of Stephan's truck, is without battery and since it has been there for almost eight months, with all the fret over, during the entire rainy season, we found it half buried in the earth and it looked pretty abandoned and full of insects. Although we have to thank him that he sheltered most of our things. A neighbor, Agatha, left us her truck and without thinking twice, we loaded all the handmade furniture down here. We installed the table and the benches, which thanks to the varnish of three years ago, still manage to resist the climatic events of this magical town.

 

David began the installation of the dining room, which consisted in opening holes in the ground and stabilize the legs. We fixed the table of the kitchen.

 

The dishwasher is a tank with an opening in the center that we connected with a plastic tube that leads the water to another jar and the water that is collected we recycle it and we use it for the plants. The stove, with a big surprise, worked. We picked up the gas tank from the neighbor and we cooked two or three days outdoors. We washed all the dishes and David placed the dry dishes and.... That's it! In the end we had a kitchen: rustic, almost wild, but promising. We also find a refrigerator and this gives it a special touch, because in this heat, conserving and cooling are part of our basic needs.

 

We also built a box for composting. We had made some attempts before without a big result, but we believe that this will be successful. We did it where the chicken coop was once, very close to the bathroom, this place was chosen to take advantage of the shade provided by the shelter. We made a cube with pallets and once the bucket was assembled, we placed a floor of branches that will help to create ventilation, then a kind of bed with grass and dry leaves that will help water filtration. On the top of these layers is placed the organic that we produce that rises according to our food tastes and our presence of people. On top of the organic residues, a layer of leaves is placed and then we must put water so that the mixture remains moist, creating an optimum environment for decomposition. We hope very soon to see emerge from this waste ecosystem, the famous microbial broth.

 

To conclude, or rather to provoke, we began to dialogue with the Mazunte school, about the possibility of holding a two-month theater and puppet workshop with one of its courses. The school, called Christopher Columbus, before in the city center of the village, moved to the top of the mountain, which makes the road a real journey. The teacher made a meeting with the fifth grade parents, taking advantage of the fact that they do not have an assigned teacher yet. To our surprise we were not greeted with applause, as every actor's good ego requires. What they wanted was the resolution of the situation of their children's teacher and in this context our workshop seemed to them that they would rather take time away from the public school. We, between disillusioned and provoked, defend that art will never, not even closely, remove the education of their children, but rather it will enhance the learning processes of the students, that when we arrived at school they are so interested in us, that most of them stand up to look out from the window and smile while on one side you can see the sea. In any case, it was our second attempt to get closer to the community of Mazunte. Losing is winning a little bit and as very well teaches the compost, sometimes the best comes after the decomposition.

Primeros pasos...

Esta semana trajimos las cosas de arriba, de casa de Frank. El Shaman, que así se llama la camioneta de Stephan, está sin batería y como lleva casi ocho meses allí, con todo el trasteo encima, el peso de toda la temporada de lluvia, más el de los insectos, estaba enterrada en la tierra y lucía bastante abandonada. Aunque hay que agradecerle que resguardó la mayoría de las cosas. Una vecina, Agatha, nos dejó su camioneta y sin pensarlo dos veces, cargamos todas los muebles hechos a mano hasta acá. Instalamos la mesa y los bancos, los cuales gracias al barniz de hace tres años, aún logran resistir los eventos climáticos del pueblo mágico. 

David inició la instalación del comedor, que consiste en abrir hoyos en la tierra y hundir las patas, para luego rellenar y dar una verdadera estabilidad. La cocina consta de un mesón que venía maltrecho y que repusimos con algunos clavos. 

El lavaplatos es un tinajo con una abertura en el centro que conectamos con un tubo de plástico que conduce el agua hasta otra tinaja igual y el agua que se recoge la usamos para las plantas. La estufa, para nuestra sorpresa, funcionó. Recogimos la pipeta del gas donde la vecina y llevamos dos o tres días cocinando al aire libre. Lavamos todos los trastes y de nuevo David, colocó el seca platos y al final nos quedó una cocina, rústica, casi salvaje, pero prometedora. Además encontramos un refrigerador y este le da un toque especial, porque en este calor conservar y enfriar son parte de nuestras necesidades básicas.

También construimos una caja para el compostaje, antes habíamos hecho algunos intentos pero creemos que este llegará a buen término. Lo hicimos donde alguna vez fue el gallinero, muy cerca al baño que tenemos. Hicimos un cubo con estivas o tarimas, todas sus puntas agarradas con clavos. Se escogió este lugar para aprovechar la sombra que da esa suerte de enramada, ya armado el cubo, colocamos un piso de ramas que ayudarán a crear ventilación, luego una especie de cama con pasto y hojas secas que ayudarán a la filtración de agua y también a la ventilación. Ya encima de estas capas se coloca el orgánico que producimos que asciende según nuestros gustos alimenticios y nuestra presencia de gente. Encima de los residuos orgánicos se coloca una capa de hojas y después se debe regar con un poco de agua para que la mezcla se conserve húmeda creando un ambiente óptimo para la descomposición. Esperamos muy pronto ver surgir de este ecosistema del residuo, el famoso  caldo microbiano.

Para concluir, o más bien para provocar, empezamos a dialogar con la escuela de Mazunte, la posibilidad de realizar un taller de teatro y marionetas de dos meses con alguno de sus cursos. La escuela, llamada Cristóbal Colón, se movió a lo alto de la montaña, lo cual hace que el camino sea un verdadero viaje. El director convocó a los padres de quinto grado, aprovechando que no tienen aún un maestro asignado. Para nuestra sorpresa no fuimos recibidos con aplausos, como todo buen ego de actor requiere. Ellas lo que querían era que se solucionara la situación del maestro de sus hijos y así, nuestros talleres les parecieron que más bien quitarían tiempo al completo pensum de la escuela pública.  Nosotros, entre desilusionados y provocados, defendimos que el arte en ningún momento va a quitar sino más bien  a potenciar los procesos de aprendizaje de los muchachos, que cuando uno llega a la escuela están tan interesados en el contenido que la mayoría se pone de pie a mirar por la ventana y a sonreír mientras a un costado se puede ver el mar, porque esto sí que es un contenido. En todo caso era nuestro segundo intento de acercarnos a la comunidad de Mazunte. Perder es ganar un poco y como muy bien enseña el compost, a veces lo mejor llega después de la descomposición.

Escribir comentario

Comentarios: 0